El juego como escuela para la vida

FÁTIMA FERNÁNDEZ MÉNDEZ Los juegos populares infantiles son parte de la cultura de todos los pueblos. Recogen aspectos sociales que no debieran quedar en el olvido, sino pasar de generación en generación con el fin de no perder esa herencia popular y autóctona e, incluso, con ellos ayudar a educar a las nuevas generaciones.

En la actualidad, bastaría con dar una vuelta por cualquier parque de nuestra ciudad para observar que muchos de estos juegos se están perdiendo por los cambios sociales y las distintas opciones comerciales que aparecen cada día. El juego por el puro placer de disfrutar de la compañía y actividad de amigos y amigas se ha sustituido por los deportes dactilares como la Playstation, la Gameboy y a la televisión. Las secuelas son patentes: aislamiento, adicción a los videojuegos, hiperactividad o sedentarismo, que fomenta la obesidad infantil.

Juegos tradicionales como el escondite, policías y ladrones, el escondite inglés, el rescate, el pañuelo, las cuatro esquinitas, la gallinita ciega, la comba, la goma, las canicas, las chapas, los cromos, el corro de la patata, el bote pelota, sin duda, tienen un encanto propio del tiempo de la infancia para quienes crecimos con ellos. Eran parte de nuestra cultura del juego en la calle. Aprendíamos a respetar normas, a organizarnos al margen de la autoridad de un adulto, a respetar turnos, aprendíamos a tener amigos y, en definitiva, a vivir. La calle ha desaparecido como espacio de encuentro, el espacio se ha perdido en beneficio de los coches? no hay espacios apropiados para jugar. Si a eso unimos las largas jornadas escolares, las actividades extraescolares, lo reducido de las familias y la invasión de los productos de ocio, escasamente dirigidos a fomentar la actividad física, comprenderemos el porqué necesitaremos una estrategia para evitar que se pierdan.

Sus valores tanto educativos como culturales no deberían perderse. Es más, hay quienes proponen rescatar esa tradición y que sean enseñados en los colegios, como una asignatura más. Desde luego, es una alternativa a la presión del entretenimiento globalizado y de consumo y, por otra parte, por si fuera poca justificación, fortalecen destrezas, habilidades, valores y aptitudes, necesarias para el desarrollo integral de los menores, sin olvidarnos que el juego popular puede ser un buen instrumento de conocimiento mutuo que favorezca la integración de alumnos de otras culturas.

Por otra parte, los juegos en los que prima la habilidad, la destreza y la superación física son frecuentemente el contrapeso que puede equilibrar la balanza, en cuanto a la autoestima, de aquellos que por no tener la capacidad intelectual de otros compañeros, sí pueden ser capaces de superarles en esta faceta.

Pero tal vez sea la frase «mens sana in corpore sano» la que resume más claramente la necesidad de compaginar actividad mental con actividad física para un completo y equilibrado desarrollo del individuo y, en ello, el juego es primordial en especial en la infancia.

http://www.muchachadesal.com/

Leave a Reply


Cerrar
Enviar por Correo