Falta de calentamiento eleva lesiones en niños deportistas

Las heridas mal atendidas pueden dañar al pequeño de por vida GIULIANA CHIAPPE

EL UNIVERSAL

La fuerza de ese brazo que lanza la pelota hacia el home es la de un niño pequeño, muy capaz, eso sí, pero pequeño al fin. Sin embargo, la tensión que lo invade es similar a la que atormenta a un adulto con una enorme responsabilidad: debe cumplir las siempre altas exigencias de padres y maestros.

El entrenamiento excesivo que supone las ambiciones deportivas de los adultos alrededor de un niño puede generar lesiones, además de estrés emocional al pequeño. Los problemas físicos se originan por exceso de entrenamiento o por incumplimiento de un reposo médico, y pueden ser permanentes. Aunque no signifiquen que el niño quede lisiado de por vida, puede representar menor rendimiento de esa parte del cuerpo para siempre.

El deporte no es sólo positivo, sino también esencial para el desarrollo integral de un niño, incluso el de alta competencia infantil. El problema es cuando los entrenamientos se realizan en exceso o en forma errónea.

Nicolás Cárdenas Rivero, de Pediatría del Centro Médico Docente La Trinidad, explica que una de las grandes fallas en los entrenamientos infantiles, y causante de muchas de las lesiones que observa en el consultorio, es la falta de calentamiento previo al ejercicio. “El precalentamiento debería ser obligatorio, incluso en las clases rutinarias de Educación Física. En los colegios que destacan en deportes, el entrenamiento suele ser muy exigente, y puede conducirlo a lesiones por sobreúso o falta de calentamiento. El esfuerzo resulta mayor que sus capacidades físicas”, afirma.

Las lesiones causadas por un entrenamiento mal hecho pueden requerir reposo de larga data. “Esto tampoco suele cumplirse pues se presiona al niño para que se reincorpore al entrenamiento lo antes posible, sobre todo si se acerca alguna competencia importante. Esto puede causar lesiones permanentes en esa parte del cuerpo, que ya no volverá a rendir como antes. Por ejemplo, hay lesiones que rompen ligamentos de la rodilla, y aun cuando el especialista lo corrija con cirugía, posiblemente la rodilla no quedará en la mejor condición para el resto de su vida”, alerta Cárdenas.

Ante evidencias de dolor, molestia o mal funcionamiento, el niño debe ser evaluado por un traumatólogo ortopedista. Así definirá si el problema es causado por el ejercicio en sí o simplemente por la forma como lo ejecuta. En ese último caso, puede ser corregido el movimiento para que no incida en el brazo o en la pierna y pueda continuar con sus entrenamientos.

Fuente: http://www.eluniversal.com/

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