La obesidad infantil

Se trata de la enfermedad nutricional más frecuente en los niños y adolescentes de los países desarrollados

La obesidad es la enfermedad nutricional más frecuente en los niños y adolescentes de los países desarrollados, y su prevalencia se ha triplicado en los últimos 15 años. En España, en el año 1984 el 5% de los niños entre 6 y 12 años eran obesos, y en el año 2000 esta cifra alcanzó al 15% de dicha población. En el, 2004 la 57º Asamblea Mundial de la Salud declara la obesidad como la epidemia del siglo XXI.

La obesidad es el aumento de peso a expensas de un aumento de la grasa corporal. El parámetro más utilizado para su valoración es el índice de masa corporal (IMC), que resulta de dividir el peso entre el cuadrado de la talla del niño. Se considera normal cuando la cifra es 25. Sin ser obeso, un niño presenta sobrepeso cuando este índice es 25-28 y se considera obesidad leve cuando es 28-30, moderada de 30-35 y obesidad mórbida cuando el IMC es mayor de 35.

En las revisiones rutinarias el pediatra nos puede alertar del riesgo de obesidad refiriéndose a los percentiles para la edad y sexo de nuestro niño. Así, un niño tiene sobrepeso cuando su IMC es mayor del p85 para su edad y sexo y es obeso cuando este se encuentra por encima del p95 (es decir, de 100 niños de su misma edad y sexo, 95 tienen un IMC más bajo que él).

Según la distribución de la grasa corporal se distingue una obesidad generalizada, una obesidad de tipo androide con predominio central de la grasa, en el tronco; obesidad tipo ginoide con distribución de la grasa principalmente en la cadera y obesidad visceral o intraabdominal.

Períodos de riesgo

Existen unos periodos de riesgo durante la edad pediátrica en los cuales el niño tiene más riesgo de aumentar de peso:

En el periodo fetal se ha comprobado que existe asociación entre el hecho de que la madre tenga sobrepeso /obesidad con el hecho de que su hijo desarrolle obesidad infantil y en edad adulta. También se ha comprobado esta asociación entre el tabaquismo materno y el bajo peso al nacimiento, y la obesidad infantil.

Durante el primer año de vida el exceso de peso y el aumento rápido de éste se asocia a exceso de peso en la infancia y la adolescencia. Es más frecuente en niños alimentados con lactancia artificial y aquellos en que la alimentación complementaria se introduce precozmente. La lactancia materna es un factor protector frente a la obesidad del lactante y en edad infantil.

A los 5-6 años se produce un aumento del índice de masa corporal, que fisiológicamente es menor entre el año y los 5 años. Es el llamado ‘rebote adiposo’, que si se adelanta también se asocia a un aumento del riesgo de obesidad.

La adolescencia es un periodo de cambio en que el riesgo aumenta y se asocia al 80% de obesidad en el adulto.

Origen exógeno

En la mayoría de los casos (95-99%) de obesidad infantil, su origen es exógeno, es decir, por malos hábitos dietéticos y de actividad física. Entre los factores dietéticos destaca la ingesta de nutrientes con alto contenido en grasa y poco volumen (dulces, bollería, precocinados).

El sedentarismo, la escasa actividad física, el tiempo que los niños pasan frente al televisor o consolas que suele ir asociado a la ingesta de dulces, ‘picoteo’, etc.; todo esto favorece el aumento de peso. La inestabilidad emocional también se asocia a sedentarismo, a más ingesta y a la obesidad que a su vez provoca en el niño problemas psicológicos.

En algunos casos (1-5%) se asocia a enfermedades endocrinológicas o genéticas. Sin embargo hoy en día esta plenamente aceptado el papel de la herencia en la génesis de la obesidad, y se han identificado hasta 600 genes y marcadores genéticos relacionados con la obesidad. Estos genes regulan la síntesis de proteínas como la leptina o la grelina y otras hormonas y neurotransmisores ligados a la regulación de la ingesta.

La próxima semana ofreceremos una serie de consejos y recomendaciones de hábitos dietéticos saludables.

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